5 mujeres y 17.995 hombres en el Museo del Prado

Solemos triunfar donde la expertise se requiere y caer allí donde la cooptación se impone. Amelia Valcárcel

El miércoles asistí a  la mesa redonda “Dona i Escena”, organizada por el Centro Cívico Sortidors de Barcelona. Moderada por Sara Berbel,  doctora en Psicología y experta en políticas de género, contó con las ponentes Laia Pastor, Triana Doce Palmeiri, Berta Puigdemassa y Antonella Ascenzi.

Sara Berbel introdujo el tema explicando la situación actual de la mujer en el sector artístico, teniendo en cuenta tres factores:

  • El techo de vidrio
  • Prestigio y reconocimiento
  • Brecha Salarial

Para realizar esta presentación, la doctora Berbel se ha basado, entre otros, con estudios realizados por el Observatorio de Género y la  Asociación Clásicas y Modernas. Empecemos con algunos datos:

  • 34% de los artistas son mujeres
  • 5 obras de las 18.000 expuestas en el Museo del Prado son de mujeres.
  • 6 obras de las 20.000 expuestas en el Reina Sofía son de mujeres
  • 10% de los artistas que exponen en Arco son mujeres.
  • El 70% de las estudiantes de las escuelas de arte son mujeres y sin embargo sólo el 20% exponen sus obras.
  • El 85% de los directores de centros y museos son hombres.

Apuntó que la presencia de las mujeres en el arte aumenta cuando las analizamos como objeto de arte.  Los museos están llenos de ninfas, Venus y odaliscas y sin embargo la presencia de las mujeres como sujeto de arte es minoritaria. Este hecho lo criticaron las Guerrillas Girls, un colectivo de artistas feministas que nació en Nueva York en el año 1985. Su primer trabajo fue desplegar carteles en las calles de Nueva York para denunciar el desequilibrio de género y racial de los artistas representados en galerías y museos.

guerrillas girls

Esta presencia minoritaria la marca el techo de vidrio: no se ven los obstáculos pero existen, y existen por el simple hecho de ser mujeres. Varios estudios y experimentos confirman esta teoría:

Jenniffer vs John, estudio realizado por la Universidad de Yale. Para optar a un puesto de investigador científico en la universidad, se envió el mismo CV con diferente nombre (John vs Jennifer) a 127 miembros del cuerpo docente.  Por el  mismo CV, se recibieron dos propuestas económicas diferentes. Mientras a John le ofrecían 30.000 dólares, a Jennifer le pagarían 26.000 dólares, 4000 dólares de diferencia.

Orquesta de Boston: en los años 70, sólo el 5 o 10% de los músicos de las Orquestas de EE.UU. eran mujeres a pesar del creciente número de mujeres que seguían estudios de Música. La Orquesta de Boston decidió que las audiciones de los músicos se hicieran  “a ciegas”. Los músicos se examinaban tras un biombo y las mujeres, además, se quitaban los zapatos de tacón para acceder al lugar del examen para que el jurado no supiera si estaban examinando a hombres o a mujeres. El experimento funcionó y otras orquestas de EE.UU. copiaron el formato de los castings. Con  el tiempo, el porcentaje de hombres y mujeres en las orquestas de EE.UU. llegó a ser equitativo.

Reconocimiento y Brecha Salarial

Se ha demostrado que las mujeres obtienen reconocimiento a largo plazo. Por ejemplo, las pintoras:

  • Alice Neel: Pintora retratista estadounidense cuya obra se reconoció al cumplir 70 años.
  • Louise Bourgeois: Su obra se expuso en el MOMA a los 72 años
  • Angeles Santos: Recibió el Premio Creu de Sant Jordi a los 94 años.

Además de menos puestos de trabajo y mayor competencia, también existe una brecha salarial entre hombres y mujeres. La primera que se atrevió a denunciar la diferencia de salarios fue la bailarina Ginger Rogers  puesto que haciendo los mismos pasos y los mismos espectáculos, Ginger cobraba el 50% menos que Fred.

La escritora feminista estadounidense Siri Husdtvet denuncia que las mujeres son reconocidas cuando dejan de verse como objeto sexual.  En su último libro,  ‘El mundo deslumbrante’  refleja un complejo juego de máscaras y falsas identidades para examinar los prejuicios de género en el arte.

Casada con Paul Auster, en la presentación de su libro le preguntaron por el trabajo de su marido, pregunta que ella no quiso contestar y los periodistas se marcharon.

La actriz Laia Pastor, licenciada en Arte Dramático en el instituto del Teatro en el año 2013, explicó los obstáculos que las actrices se encuentran tras salir de su formación.

La mayor parte de estudiantes de teatro son mujeres y sin embargo, las obras están escritas para hombres; es el caso de las obras de Shakespeare o sin ir más lejos, la obra de Frank V en cartel en el Teatre Lliure que sólo cuenta con dos mujeres en el reparto y una mujer en el equipo de producción. Podéis ver el cartel aquí.

Añadió que las actrices, además, deben cumplir unos requisitos físicos mucho más exigentes que los actores, sobretodo en publicidad.  Anuncios tipo “Se buscan chicas guapas” son muy comunes.  Otro de los anuncios que indignó bastante a Laia fue un anuncio de un partido político catalán  que buscaba “Noies que no siguin guapures”.

Berta Puigdemassa (Arpa clásica, innovación sonora, artística y cultural)  ofreció un punto de vista diferente al de Laia, marcado por su experiencia personal. En  Barcelona sólo hay 6 arpistas y todas son mujeres por tanto la competencia es muy baja.

El arpa era un instrumento de hombres pero en el S.XVII empezó a utilizarse en salones y desde entonces, el arpa se considera un instrumento exclusivamente de mujeres. Con el deseo de eliminar la imagen “feminizada” del arpa, Berta añadió que, a veces,  en sus conciertos se presenta con accesorios masculinos.

Actualmente, dirige el “Curso Internacional Arpa Horta de Lleida”. Explicó que para organizar el curso tampoco se ha encontrado ningún obstáculo por el hecho de ser mujer aunque sí que le sorprende que todos los profesionales y políticos con los que  tiene que tratar para organizarlo sean hombres.

Finalizó la ponencia Antonella Ascenzi, profesora de danza-teatro, intérprete y dramaturga. Antonella empezó a trabajar con perspectiva de género de forma casual.  Su antigua compañía le pidió que preparara un monólogo y cuando empezó a buscar textos, se percató que casi todos los textos estaban escritos para hombres y los textos para mujeres no le gustaban porqué los personajes femeninos representan caracteres débiles a las que se les reconoce por su relación con el universo masculino: amante de/hermana de/madre de.  Ante este obstáculo, decidió crear su propio texto y descubrió que tenía rabia hacia esta sociedad masculinizada y patriarcal que ha utilizado históricamente a las mujeres y a los niños como objetos de lucha en las guerras.

Con este nuevo rol de creadora, Antonella se empoderó y abandonó su compañía. Añade que  “Los papeles que me ofrecían era el de la mala y la prostituta mientras que los papeles de mujer santa y virgen se los llevaba la novia del director”.  Años después, cuando empezó a contar cuentos para niños, decidió cambiar los roles de los cuentos tradicionales.  En sus cuentos  las niñas ya no son princesas ni esperan llorando al príncipe, pueden convertirse en domadoras y marcharse lejos mientras que ellos lloran esperando su regreso. No hay varitas mágicas, la clave es el empoderamiento.

Una charla muy amena que me dejó con ganas de más. Personalmente, creo que la organización debería haber invitado a  ponentes masculinos para escuchar también su punto de vista. Una vez más, el género no es sólo cosa de mujeres.

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