¡Princeseando!

Os voy a confesar algo bastante personal que me da incluso un poco de vergüenza reconocer. Odiaría con todas mis fuerzas tener una hija que quisiera ser princesita, y sin embargo, recorrería mil tiendas para comprarle un disfraz de guerrero.

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Este post me ha venido a la cabeza gracias a este artículo que mi amigo Ángel me ha enviado hoy. Reflexionando sobre esto, me he hecho unas cuantas preguntas:

¿Si tuvieras un hijo que quisiera vestirse de princesa, lo dejarías? Sí, un SÍ bien claro. ¿Por qué un niño sí y una niña no? Si un niño se viste de princesa, está rompiendo con los roles masculinos establecidos pero si una niña se viste de princesa, está perpetuando el rol de princesa de las mujeres.

Pero tal vez haya algo más que no sé muy bien cómo explicar. Es como si, siendo defensora de la igualdad de género, tuviera que rechazar todo lo que se relaciona con la construcción que se ha hecho del mundo de las mujeres. Y si una niña es feliz vistiéndose de princesa, ¿se lo tienes que prohibir? Ante esta pregunta me muerdo la lengua. No podría prohibirlo pero sé que me dolería.

He buscado en Google artículos, noticias, investigaciones que aporten información y opiniones sobre el hecho de que algunas niñas prefieran vestirse de guerreros, pero nada, no encuentro nada. Y sin embargo, hay miles de entradas hablando de niños que quieren vestirse de princesas.

¿A qué se debe esta diferencia? ¿Por qué no se ha generado la misma polémica? ¿Qué creéis?

Como siempre. ¡¡¡Mil gracias por vuestros comentarios!!!

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Hombres de Vitruvio vs Venus de Milo

Si la semana pasada, los fofisanos dieron mucho que hablar, esta semana hablaremos de un tipo de hombres totalmente diferentes y menos numerosos, los hombres con un físico como el David de Miguel Ángel. La idea de hacer este post me ha venido a raíz del reportaje publicado hoy en la Revista Smoda de El País dedicado a los hombres objeto.

A diferencia del concepto “cosificación de la mujer”,  la “cosificación del hombre” es un concepto relativamente nuevo que nació hace  algunos unos años por el incremento de los anuncios que utilizan el cuerpo de los hombres como gancho de compra.  Sin embargo,  la repercusión social de la cosificación masculina y femenina es muy diferente. No es lo mismo un anuncio en el que sale un tío cachas mostrando su tableta de chocolate que un spot en el que aparece una tía guapa con un cuerpo 10. Los tíos cachas pueden enseñar sus musculitos de su cuerpo desnudo sin generar protestas.  Seguramente las mujeres comentaran el anuncio con sus amigas y compañeras de trabajo y ahí acabará la repercusión social.  En otros anuncios, será una tía guapa la que seducirá a la cámara con su mirada y enseñará sus curvas. Seguramente los espectadores hombres comentarán el anuncio con sus colegas pero, esta vez, la repercusión social no acabará ahí.  La sociedad permite a las mujeres que hablen de los hombres como si fueran objetos pero es menos permisiva con los hombres.

Juzgad vosotros mismos:

Si leéis el reportaje, veréis que algunas expertas en género piensan que la cosificación de los hombres no es negativa, bien porque no han sufrido históricamente explotación sexual o bien porqué  aún existe la desigualdad de género. No comparto estas opiniones, ya que pienso que las mujeres no deberíamos creernos con el poder de considerar a los hombres puros objetos sólo porqué ellos lo hayan hecho antes. ¿Queremos que se nos deje de tratar como productos o queremos que a ambos sexos se nos trate como productos? Deberíamos preguntarnos qué es lo que realmente queremos nosotras como mujeres, y no qué queremos en relación al sexo masculino y a sus ventajas sobre el sexo femenino.

Dicho esto, y a pesar de que soy totalmente consciente de esta doble mirada, tengo que reconocer que soy más crítica con los anuncios que tratan a las mujeres como objetos sexuales que a los hombres. ¿Y vosotros?