Es muy fácil: NO significa NO

En las últimas semanas me he dado cuenta que, en determinadas ocasiones, a las mujeres se nos enciende un “chip de alerta” que hace que tomemos precauciones cuando pensamos que podemos ser atacadas. Y, mientras tomamos precauciones, empezamos a pensar que somos unas exageradas.

Estas semanas he escuchado historias de mis amigas relacionadas con este estado de alerta. A estas historias se suma una experiencia personal. El sábado por la noche salimos a cenar tres amigas y a las 2 de la mañana nos encontramos con un tío que iba en bici. Este tío, que iba en bici y no tenía por qué ir a nuestro paso, nos siguió durante un rato y nos esperó en 4 esquinas diferentes. Sí, éramos tres contra uno y, tal vez, el chico sólo quería entablar conversación pero nos sentimos perseguidas, no nos quitaba el ojo de encima y solo lo perdimos de vista cuando entramos en el metro para despistarlo. Estuvimos un rato esperando dentro de la estación y al salir ya no estaba.

He pensado que la mejor manera para dejar de sentirnos unas histéricas es que compartamos nuestras vivencias y sensaciones, así que he pedido a mis amigas su colaboración en este post. Aquí os dejo con sus historias:

 Cuando regreso a casa por la noche siempre experimento esa sensación
de miedo, de que alguien puede estar ocultándose en cualquier sitio. La
entrada de mi edificio está diseñada de tal forma que hace posible que
alguien pueda ocultarse detrás de una pared o en las escaleras. Ya me
ocurrió en una ocasión que, al entrar  en mi edificio con mi hermana, un hombre
desconocido estuviese escondido allí. En aquella ocasión, qué coincidencia, mi padre salió del ascensor en ese preciso momento para tirar la basura. El
desconocido no era una persona violenta (tal vez fue a mi edificio tan sólo
para pasar la noche, a modo de refugio) y no puso ningún impedimento
cuando mi padre le dijo que saliera de allí pero, aún así, especialmente
desde entonces, la posibilidad de que alguien se oculte en el portal se hizo
especialmente factible para mí.

Es una sensación especialmente desagradable porque ya no atañe al espacio
público sino al privado, en el cual, supuestamente, una persona  debería poder
sentirse segura y, sin embargo, esto no es así en mi caso hasta que cierro definitivamente la puerta de mi casa.

Desde hace muchos años, cuando regreso a casa por la noche, siempre le digo
a mis amigas que se esperen hasta que enciendo la entrada del portal y llamo
el ascensor; en el caso de ir sola, me gusta coger el móvil (sé que no me ayudaría
en caso de tener un problema real pero a mí me da seguridad); también suelo
llamar el ascensor y volverme a la entrada del portal hasta que el ascensor se
abra; así, en caso de que vea algo raro, siempre tengo la salida más cerca.
A.Pla

Yo soy experta en sustos, sobretodo, cuando era adolescente. Más de una vez me sentí perseguida por la calle y no me equivoqué. A los 13 años fui atacada por un tipo a unos 15 metros de mi casa. Yo iba a la escuela y él salía de un parking que hay justo al lado de casa. La peculiaridad de este parking es que tiene la rampa escondida por un muro (en la que los pequeños se esconden para jugar y los no tan pequeños… para otras cosas). Eran las 07.30 de la mañana y pasé, como cada día, por delante del parking. Esta vez, no tuve suerte, un tipo me agarró por detrás y me tiró al suelo. Me arrastró hacia la rampa del parking y consiguió bajarme las medias y la ropa interior. Tenía la boca tapada y estaba muerta de miedo. No podía moverme porque el tipo me agarraba fuerte. En un momento de “pelea”, conseguí pegar un grito y un señor que pasaba justo en ese momento, vio la situación y empezó a increpar al tipo. Éste se asustó y se deshizo de mí pegándome un empujón. Quedé, tirada en el suelo como una muñeca rota y temblando. Es una sensación muy extraña.

Lo más triste es que ésta situación similar se repitió a los 15 años (en una portería) y a los 17, cuando iba al instituto, en la calle Escorial.

Si realmente esta historia puede ayudar a que otras adolescentes y/o adultas puedan evitar ser atacadas, por favor, no dejes de publicarlo. No somos unas exageradas ni unas paranoicas. Sólo somos personas que seguramente, por una educación errónea y totalmente equivocada y muchas veces promovida por las propias mujeres, creemos que debemos aguantar este tipo de ultrajes y abusos.
Sara

No sé si podría llamarle el sexto sentido de las mujeres, pero existe y es real. Es el instinto con el que no naces pero si te vas haciendo. Es al de la supervivencia física, al miedo y terror a ser acosada sexualmente, tanto verbal como físicamente. Poco a poco te haces a ello, evitas según qué calles o cruzas directamente para tomar otra dirección. Evitas miradas o según que gestos o vestimenta, ya que piensas que no compensa. Pero te das cuenta de que demasiadas veces no está en ti está en ellos. Si he de escoger algo que no me guste de ser mujer es esto, el instinto que debes desarrollar para no tener un mal susto. Muchas veces depende del día y de cómo te coja contestas con frases más o menos simpáticas. Recuerdo un día que estaban haciendo obras justo al lado de mi casa, era un chico más o menos de mi edad y en medio de mi calle (la calle en donde vivo y la casa en donde debo entrar cada día) me dijo “qué guapa eres” y me giré y le contesté “guapa sí, pero sorda no” y entré en casa. Al volver a salir de casa al cabo de un rato el chico el chico se disculpó y yo pensé, es que si tengo que aguantar este tipo de comentarios hasta que acaben las obras estaré incómoda cada día y no pienso consentirlo. Otras veces el miedo me ha superado y he cambiado la ruta que estaba haciendo caminando, he cambiado de vagón en el tren o directamente bajado del metro. No me gusta que me hagan sentir así, como mujeres tenemos derecho a exigir no ser tratadas así, pero el tema de la potencia física de ellos siempre nos juega en contra, deberemos seguir tirando de instinto. 
Steph

Estaba en el metro, en las escaleras mecánicas y un hombre se me puso al lado.Me dijo que era muy bonita y le contesté que gracias. A partir de aquí, parece que no ignorarlo fue un error. Para él un simple “gracias” resultó ser una especie de barra libre. El hombre quería invitarme a café, y educadamente decliné su propuesta. Pero el insistió y saliendo de las escaleras mecánicas empezó a perseguirme. Me giré y le respondí que había sido amable con él, pero que no tenía absolutamente ningún interés en tomar un café. Seguí andando, rápido y el hombre empezó a perseguirme otra vez. Al final tuve que escaparme de él cruzando una calle llena de coches. Me tocó correr a fondo y cruzar por delante de un coche para que él no pudiera perseguirme y me metí rápido en el portal.

A veces sorprende que tengan la idea de que cuanto más insistas, más probabilidades de éxito.
Aina

 Fue en mi viaje a Méjico, viajas con todas las recomendaciones del mundo, no hagas autostop, no saques dinero del cajero a ciertas horas, no subas a taxis autorizados (que no pagan impuestos)…Pero una noche se los fue la hora y en una pequeña localidad del Caribe mejicano no encontramos ningún taxi autorizado y teníamos dos opciones caminar en plena noche hasta el hotel a través de manglares o coger un taxi no autorizado.
Cogimos un taxi no autorizado, subimos mi amiga y yo, le dimos indicaciones para llegar al hotel, y en medio camino recogió una chica, nos preguntó si nos importaba, contestamos que no, parecía que se conocían y empezaron a hablar en su lengua (dialecto indígena de la zona). Era una situación rara, pero como era otra chica….El problema fue que pasaba el rato y no reconocíamos el trayecto hacia el hotel que tantas otras ocasiones habíamos hecho y entonces sí que nos asustamos, tanto que estuvimos, y no exagero, a punto de saltar del coche en marcha. Empezamos a hablar en catalán para planear en que momento hacerlo…pero afortunadamente antes de hacer esta locura vimos un indicador del hotel. El pobre hombre simplemente tomo un atajo. De ahí que no conociéramos el camino de vuelta.
Susanna

Volvía de un viaje a Italia para visitar a mi familia y para aprovechar al máximo el tiempo disponible he organizado la vuelta a Barcelona con el último vuelo disponible del día. Como suele pasar en estos casos el avión tenía un retraso de unos 40 minutos por lo que llegué al aeropuerto a las 12:50h, justo unos minutos antes de que saliera el último airbus. “Bien-pensaba- me he ahorrado los 35 € de taxi….” pero luego empecé a pensar en mi trayecto de Plaza Cataluña a mi casa, cerca del Mercado de Santa Catalina. Se trata de unos 10 minutos andando, el problema es que a las 2 de la mañana cargada con una maleta y una mochila este paseo nocturno no es posible, desde que, en mí ya inseguro barrio, se han “trasladado” (digámoslo así) un grupo de chicos árabes de unos 14 años que parecen salidos de la peli “Ciudad de Dios” y que se pasan el día merodeando por los alrededores del mercado aspirando cola. Sí, tal y como lo digo: con la bolsa de cola en la cara y con el cerebro del tamaño y misma utilidad de una uva pasa.

 Gracias a mis nuevos vecinos tuve que organizarme y pagar un taxi para recorrer un trayecto de 10 minutos caminando. ¿Por qué soy una chica? no lo sé, creo que un chico también está en riesgo de que le roben arrastrando una maleta a esas horas y en ese barrio, claro está que las chicas siempre tenemos las de perder, o en este caso nos arriesgamos a perder más cosas que un chico. Todo esto sumado a cómo me miró el taxista cuando le dije que me tenía que llevar a una dirección que está 3 minutos en coche des de Pl. Cataluña: “otra histérica” habrá pensado…
Giulia.

Aquí va también la versión de mi amiga Marta, muy diferente al resto.

Jamás he tenido este tipo de miedo. He viajado sola a países árabes y he estado sola en la calle por la noche y jamás he tenido malas vibraciones.

Como veis, la  mayoría de veces no ocurre nada, pero cuando pasa lo que le pasó a Sara, te marca para toda la vida. Mientras algunos hombres sigan utilizando su fuerza física para abusar de nuestro cuerpo o simplemente para invadir nuestro espacio, seguiremos sintiendo miedo.

¿Exageramos cuando sentimos miedo? Juzgad vosotros mismos
“En 2013, según la última memoria del Ministerio del Interior, se contaron 1.298 en España, 18 más que el año anterior. Esta cifra atañe únicamente a “agresiones con penetración”, es decir, que no incluye un sinfín de abusos sexuales en los que la mujer no llega a ser penetrada. El número de denuncias es mucho mayor: 2.859 correspondientes a menores, y 10.621 presentadas por adultas, según la “Asociación de Asistencia a Mujeres Violadas.”

Información publicada en la revista Yo Dona

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¡Con la Iglesia hemos topado!

¡Es inevitable que una mujer que convive con una vocación que no puede cumplir se frustre!
Colette Joyce, Catholic pastoral assistant

Madre mía, Reig Plà sigue atacando a todo aquel que no promulga con sus valores. Que si los homosexuales son pederastas, que si los homosexuales no deberían de poder ser profesores, que si El tren de la libertad (contrario a la Ley del Aborto que propuso Gallardón) es comparable al de los trenes de Auschwit…y ahora le toca el turno al feminismo. Este señor se atreve a decir que “El feminismo no es más que un paso en el proceso de deconstrucción de la persona”. En lugar de feminismo, yo diría que “Compartir los valores de Reig Plà no es más que un paso en el proceso de deconstrucción de la persona”.

Y si no teníamos bastante con este señor, el papa Francisco también se ha atrevido a afirmar que “el feminismo corre el riesgo de convertirse en machismo de falda”. Otro que no se ha enterado de que el feminismo busca la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y que hay hombres y mujeres feministas que también llevan pantalones. Este comentario me parece tan despreciable que le voy a eliminar de mi lista de personas “campechanas”,  me ha tenido engañada todo este tiempo, pensaba que era un tío majete.

Todo esto viene por el debate de si las mujeres pueden ser sacerdotes o no. El papa Francisco reclama una teología de la mujer y sin embargo, no aceptaría que las mujeres fueran sacerdotes.

La Iglesia anglicana permite que las mujeres sean sacerdotes desde hace 20 años y el año pasado, se nombró a la primera mujer obispo y en cambio, la Iglesia católica deja limitado el papel de la mujer “al espacio privado”. El papa dice que este tema lo dejó zanjado Juan Pablo II, una excusa muy barata para quitarse la responsabilidad de encima y, a su vez, otra idea arcaica e inhumana que no hace más que poner obstáculos al desarrollo “profesional” de la mujer. Un hombre con vocación de sacerdote podrá convertirse en sacerdote, sin embargo, una mujer tendrá que lidiar con los obstáculos y buscar alternativas: o cambiarse de Iglesia o ir a rezar a misa como cualquier otro creyente. He encontrado este artículo de Colette Joyce, Catholic pastoral assistant que me ha parecido muy interesante. Os recomiendo echarle un vistazo.

Una última frase para terminar, dirigida a los miembros “limitadillos” de la Iglesia: ¡Sacad vuestros rosarios de nuestras vidas y meteros en vuestros asuntos!

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A call to men

La semana pasada asistí al evento Ted Women Barcelona y me gustó especialmente el bloque “Shift the balance together”, en el que los ponentes defendieron los beneficios de involucrar a los hombres en cuestiones de género.

He llamado a este post A call to men, título que responde al nombre de una ONG fundada por el activista y defensor de los derechos de la mujer Tony Porter y del que hablaré más adelante. He escogido este título porqué me parece esencial que los hombres sean, junto a las mujeres, líderes del camino hacia la igualdad. Estoy convencida de que cuántos más hombres defiendan la igualdad en el ámbito público, más hombres la aplicarán en el ámbito privado.

El primer ponente del bloque fue @TomasAgnemo, Secretario General de Hombres Suecos para la Igualdad de Género, coordinador de la red europea MenEngage y miembro del consejo director de la misma. Empezó la ponencia afirmando que si los hombres son parte del problema deben ser parte de la solución. Destacó la importancia de crear espacios públicos donde los hombres puedan hablar sobre los asuntos que les interesen y la importancia de que los hombres y mujeres trabajen conjuntamente para conseguir la igualdad de género.

Tomás explico que cuando nació su hijo, tuvo dos semanas de permiso tal y como marca la ley sueca y al cabo de un año decidió volver a casa para ocuparse él solo de su hijo. Esta decisión como padre debería ser de lo más común y sin embargo, sigue siendo extraordinaria. Afirma que cuando los hombres se implican en las tareas de cuidado, la igualdad de género aumenta y la violencia en el hogar disminuye.

El segundo ponente fue el asesor más joven de la ONU, @GerardoPorteny. Con tan sólo 20 años, es el fundador de  la ONG internacional Young Men 4 Gender Equality y trabaja como consultor de las campañas Global Youth Engagement and the HeForShe Campaign for UN Women.

Utilizó un símil que refleja perfectamente lo que sucede en el mundo real. Pidió a la audiencia que se levantara y posteriormente solicitó a las mujeres que se sentaran, con esta imagen quería explicar que “si las mujeres se sientan y no se les permite desarrollarse, se pierde la mitad del potencial humano”.

Recomendó a los hombres hacerse dos preguntas antes de decir que las cuestiones de género no van con ellos.

Si no yo, ¿quién?

Si no ahora, ¿cuándo?

En este bloque se emitió un vídeo de una conferencia que Tony Porter ofreció en un congreso Ted en el que habló de  “the box of socialitazion of men”.

“La “men box” incluye los ingredientes que han servido para sociabilizar colectivamente a los hombres. Los hombres deben ser duros, fuertes, atléticos, dominantes, agresivos, y no deben mostrar emociones (excepto la rabia). La caja está diseñada para distanciar a los hombres de las mujeres, crear falta de interés en sus experiencias y además crear una cultura que permita la violencia de los hombres en contra de las mujeres”.

Algunas experiencias personales le han servido para plantearse la desigualdad de género:

  • La respuesta de su padre ante la muerte de su hermano adolescente: pedir perdón por llorar
  • La respuesta de un niño ante la pregunta ¿qué pasaría si te dijeran que juegas como una niña?: Me destruiría.
  • Las respuestas opuestas que daba a sus hijos cuando lloraban de pequeños: a ella la dejaba llorar y la protegía, y a él, en cambio, le exigía que se calmara, que se encerrara en su habitación y que volviera a él “cuando pudiera hablar como un hombre”.

El vídeo merece mucho la pena!

Si habéis llegado hasta el final del post, seguramente es porque la igualdad de género sí que va con vosotros.  Y si no, pensad:

Si no yo, ¿quién?

Si no ahora ¿cuándo?

Si estás soltera, subástate…si estás soltero, puja

Que se utilice el cuerpo de la mujer como reclamo publicitario no es nada nuevo. La publicidad, el cine y la televisión están lleno de ejemplos.  Un ejemplo reciente es el evento Caravana de Mujeres organizado por la Asociación Caravana de Mujeres, Asocamu,  y que se celebrará el próximo 18 de abril en el Hotel Romero Mérida.

El objetivo de los eventos organizados por esta asociación es la repoblación rural. La polémica no viene dada por la organización de eventos de singles sino por la forma machista de hacerlo: en este evento ellas pagan 15 euros por un viaje de ida y vuelta  (de Madrid a Mérida) y los extremeños pagaran 50 euros con garantía de compañía más comida, cena y baile.

La Fundación Triángulo, La Asociación Malavuna, Podemos, CCOO…son algunas de las organizaciones que han mostrado su desacuerdo y han solicitado su anulación sin éxito.

En esta línea, se criticaba recientemente el anuncio de Media Markt en el que aparece como protagonista el humorista Arturo Valls, poniendo cara de gracioso y dos chicas atractivas, con un vestido ajustado en un plano secundario.  El papel de estas chicas es de mujer florero. No dicen nada, no abren la boca. Sólo sonríen y muestran su cuerpo al público.

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Parece ser que la publicidad se empeña en reducir el papel de las mujeres a objeto de deseo y el papel de los hombres al de tipos tontos a los  que sólo les interesa  tener  a su alrededor a mujeres y si están buenas mejor que mejor.

Recuerdo que cuando estudiaba en la universidad a veces entrábamos en discotecas que ofrecían entrada gratis a las mujeres.  En aquel momento, me diréis tonta, pero compartía el precio de la entrada con cualquier  chico del grupo de amigos. No es la mejor elección, lo sé, pero a los 20 años mi prioridad era divertirme. Si fuera ahora, me hubiera dado la vuelta y me hubiera ido para casa.

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En ese momento reflexionaba sobre las hipotéticas razones que llevan a estos empresarios y empresarias a  utilizar este tipo de publicidad sexista. Puestos a especular, (y a hacer broma sobre esto)  puede interpretarse que piensan que:

  • Los hombres (y no las mujeres) son los que quieren ligar y pagan porque en las pistas de la discoteca van a cazar a su presa, y nosotras nos vamos a dejar, porque seguimos siendo tontas y esperamos a que los hombres (que lo merezcan) vengan a sacarnos a bailar.
  • Las mujeres no disfrutan del sexo y sólo follamos para darles placer a los hombres, pero ojo, no a todos los hombres, sino a aquellos que se han rascado el bolsillo para poder hacerlo.

Hablando en serio, no sé porqué seguimos permitiendo este tipo de publicidad o eventos sexistas.  La  idea de que la mujer está al servicio del hombre y de que el hombre debe pagar para rodarse de mujeres es bastante denigrante para ambos sexos.  Como siempre digo, por lo que veo a mí alrededor, creo que hombres y mujeres “se necesitan” por igual: ni los hombres necesitan más sexo que las mujeres, ni las mujeres follamos sólo para darles placer a los hombres ¿no?

Operación #StopGenderAttack

El otro día cuando volvía a casa en  bici, crucé un paso de cebra. El semáforo estaba verde para mí y rojo para los coches. Al cruzar, dos chicos sacaron sus manos por la ventana y aplaudieron.  Me detuve y no les quité la vista de encima hasta que el semáforo cambió de color y pudieron arrancar. En aquellos momentos sentí rabia y furia.

¿Qué se piensan? ¿Me estaban dando ánimos o simplemente querían sentirse superiores por unos segundos? ¿Por qué aplaudieron? Evidentemente lo hicieron porque soy mujer y evidentemente les hubiera dado una patada en todos los huevos para que se les bajaran esa estupidez. Y así es cómo nos sentimos muchos de nosotros cuando nos atacan por ser quienes somos o quienes ellos se piensan que somos. Las frases ”Mujer, tenías que ser”, “Las mujeres no saben conducir”, se escuchan continuamente en boca de hombres tal vez inseguros que necesitan demostrar su autoridad para sentir de nuevo el macho ibérico que habita en él. Parece mentira que en pleno siglo XXI aún se ataque a mujeres que conducen (Bertha Benz, la primera mujer conductora  puso sus manos al volante en 1888). No estoy hablando de todos los hombres. Estoy hablando de quienes atacan a las mujeres para sentirse superiores. También pasa al revés, hombres que sienten que están en una posición de debilidad por ser  hombres (presión por ser el más fuerte, si lloran es que son unos maricas….).

Ojalá fuéramos capaces de borrar de nuestra mente los estereotipos que venimos arrastrando desde hace siglos. Un claro ejemplo de estas ideas preconcebidas y equivocadas lo muestra el vídeo “Like a girl”, en el  que se le pide a una niña que corra y paralelamente se pide a adultos y a niños que corran cómo si fueran una niña. La diferencia es brutal. La niña corre con fuerza y pisando fuerte y sin embargo los adultos y los niños de ambos sexos corren como si fuesen una muñeca a punto de romperse.  La idea de que las niñas somos el sexo débil nos seguirá toda la vida, es como un pez que se muerde la cola, no se nos permitirá hacer determinadas cosas porque somos débiles y se nos permitirá hacer otras cosas que están prohibidas totalmente a los hombres porque ellos son los fuertes y así deben demostrarlo.

Esto sólo es un ejemplo. Seguro que, hombres y mujeres,  habéis pasado por situaciones diferentes en los que os habéis sentido atacados por vuestro género o identidad. Como siempre, podéis compartirlo respondiendo  a este post, en la cuenta facebook o en twitter.

¡Sigamos entre todos la operación #stopgenderattack!

¿Qué celebramos el 8 de marzo?

Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Su origen se remonta a 1857 cuando un grupo de obreras se manifiesta en Nueva York por sus derechos. A partir de esta fecha se celebran varios movimientos  y el día 8 de marzo de 1910, en el marco de una conferencia internacional de mujeres socialistas celebrada en Copenhague, se proclama este día como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

¿Es necesario seguir celebrando el 8 de la mujer? Justamente hoy en una comida con amigos ha salido este tema y casi todos estaban de acuerdo en la importancia de seguir celebrando  el Día de la Mujer.  Un amigo que es profesor de Biología de Bachillerato me ha explicado que en el caso de los profesores el 8 de marzo les sirve como una excusa para abordar e informar a los alumnos sobre las cuestiones de género tal y como hacen también el Día de la homosexualidad o el día del sida, sin embargo no se enfoca del mismo modo en todos los ámbitos.

Hoy me han llegado numerosos mensajes felicitándome por el Día de la Mujer pero ¿por qué me felicitan? ¿Acaso he hecho algo para merecer que me feliciten?  Creo que ni yo ni las mujeres de mi entorno y de mi edad hemos tenido que luchar y superar obstáculos para trabajar. El gran trabajo lo hicieron otras mujeres de generaciones anteriores que sí que tuvieron que luchar para incorporarse al mundo laboral. ¿Sabemos realmente lo que estamos celebrando? ¿O simplemente se ha convertido en una costumbre más?

Otros aprovechan el tirón para “vender” sus productos. Si en Google ponéis “Descuentos día de la mujer” salen 14.000.000 resultados, las primeras páginas son descuentos en ropa o productos de belleza. ¿Estamos celebrando que gracias a ser mujeres el 8 de marzo nos podemos poner guapas a mejor precio?

día de la mujer

Durante todo el año pero especialmente en marzo se organizan cursos y talleres especiales sólo para mujeres (aquí los hombres no se aceptan) y sinceramente no entiendo qué estamos reivindicando con eso. ¿Queremos entendernos o separarnos?  Parece que queramos retroceder en el tiempo cuando los niños y las niñas iban a clases separadas. No sé vosotros pero no he sentido jamás la necesidad de tener aulas separadas para que se valoren mis derechos como mujer. ¿Qué sentido tiene realizar actividades sólo para mujeres?

La fuerza de la mujer

Hace un par de semanas asistí a un taller en Barcelona organizado por la Asociación Cúrcuma sobre la “Interseccionalidad: sexo, raza y cultura”. El taller partió con estas preguntas:

  1. ¿Te sientes identificado como mujer/hombre? ¿Por qué? ¿Cómo ha influido en tu vida ser mujer?
  2. ¿Te sientes identificado con tu etnia? ¿Cómo te ha influido en tu vida pertenecer a esta etnia?

Tras una breve reflexión buscamos una palabra que representara nuestras respuestas y la palabra que me vino a la mente fue “fuerza”. Sí, ser mujer me ha dado fuerza; desconozco qué me hubiera aportado ser hombre pero lo que sí siento es que ser mujer me ha dado fuerza. Tal vez esta respuesta explique mi rechazo (a veces obsesivo) al “victimismo” barato en el que se regocijan algunas personas. Defiendo a toda costa que ser mujer no significa ser víctima (al menos en la sociedad occidental) y evidentemente aunque existen muchos obstáculos para la consecución de la igualdad no todo el mundo está en contra nuestra por el hecho de ser mujer.

Por ello pensé en escribir un post para hablar de la fuerza de las mujeres y qué mejor ejemplo que hablar de las maestras de la República, mujeres cuyos  nombres y apellidos son totalmente desconocidos y cuyas obras jamás se expondrán en las estanterías de  las bibliotecas ni se exhibirán en museos y sin embargo han sido cruciales  en el camino hacia la igualdad.

El documental “Las maestras de la República” (Goya al Mejor Documental  2014), escrito y dirigido por Pilar Pérez Solano con la colaboración de FETE-UG,  nos muestra la fuerza de estas maestras que lucharon por los derechos de las mujeres, por su libertad, su autonomía  y por la modernización de la educación basada en los principios de la escuela pública y democrática. Querían formar y no adoctrinar,  querían ciudadanos libre pensadores para crear un nuevo país lejos del catolicismo y la sociedad patriarcal de aquella época.

Imaginaos la valentía de esa maestra que llega sola a un pueblo perdido en la montaña y lo primero que tiene que hacer es quitar el crucifijo de Jesucristo que presidía las aulas. Ahora este hecho parece insignificante pero en aquella época quitar el crucifijo y que encima lo hiciera una mujer significaba enfrentarse al pueblo por estar en contra de la ideología conservadora, católica y machista que caracterizaba sobre todo a los pueblos rurales. En su tiempo libre daban clases a las mujeres del pueblo y por primera vez en la historia española las mujeres pudieron imponer su autoridad a los hombres en su cargo como directoras del colegio.  Fuera  y dentro de la escuela crearon un nuevo modelo de mujer, se cortaron el pelo y se cortaron las faldas para ganar movilidad.

Salvatierra-II-republica-12

España vivía una época dorada en términos de educación,  democracia e igualdad pero esta época duró poco. En julio de 1936 se produjo el golpe de Estado contra la Segunda República Española que condujo a la Guerra Civil Española y una vez derrotada la República se “depuraron” los avances y se castigó especialmente a los maestros. Bajo el nombre de “Depuración de Magisterio” se les obligó a abandonar su trabajo por considerarles cómplices de la República y de haber inculcado en la sociedad y en los niños  los valores republicanos que tanto temían los nacionales. Se castigó especialmente a las mujeres por no seguir el patrón moral y religioso de los ideales del nacional-catolicismo y por el hecho de ser “rojas” fueron encarceladas, fusiladas, “paseadas” y otras tuvieron que exiliarse.

El documental “Las Maestras de la República” recupera el nombre de algunas de ellas pero hay muchas más: maestras, amas de casa, enfermeras, taxistas, médicos…cuyo papel ha sido clave en la historia de la mujer. Mujeres que tal vez no hayan formado parte de asociaciones feministas pero que en su día a día han sido conscientes de que el camino de la igualdad empieza por uno mismo.

Mi bisabuela, Consuelo Ramos Bea, fue maestra aproximadamente en los años 20. Me gustaría saber por qué decidió ser maestra, cuál fue su experiencia como mujer trabajadora y por qué decidió seguir trabajando estando casada y con tres hijos. Me falta información para poder escribir su historia,  pero sólo por el hecho de que optara por esta vida en los años 20 ya me hace admirarla.

Seguramente vosotros también tenéis en mente a alguna mujer que admiráis. Para compartirlo, sólo tenéis que contestar a este post. ¡Os espero!